5 de Noviembre de 2000  
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Caso Alzogaray: sospechan que policías de alto rango están implicados en el asesinato


Comisarios bonaerenses que sobrevivieron a sucesivas purgas en esa fuerza tendrían vinculación con el crimen de una mujer policía que custodiaba la casa del titular del Tribunal de Casación bonaerense, Federico Domínguez, según una hipótesis que manejan los investigadores, a casi dos años del hecho.
El móvil del crimen de María Eugenia Alzogaray, asesinada de seis balazos en marzo de 1999 cuando custodiaba la vivienda de Banfield del camarista, "compromete a dos comisarios de una delegación de investigaciones de la provincia que sobrevivieron a las purgas", confió una alta fuente de la investigación.

"Uno de ellos, además, fue acusado por el juez federal Juan José Galeano de 'plantar' pruebas en la causa por el atentado a la AMIA y está señalado como uno de los que participó en la masacre de Wilde ", dijo la fuente.
Para los encargados de develar el misterio que envuelve al asesinato de Alzogaray, lo que "quedará demostrado" en el juicio oral, que se realizará a mediados del año próximo, es que detrás del ataque "hubo una conspiración" y que desde la policía y la justicia se "entorpeció" la investigación.
"Desde el principio hubo una notoria falta de voluntad y morosidad judicial y policial para esclarecer el crimen", aseguró uno de los investigadores, quien pronosticó que en el juicio deberán dar explicaciones algunos de los primeros responsables de la pesquisa.
El juicio oral y público por el asesinato se realizará en los tribunales de Lomas de Zamora entre el 25 de junio y el 4 de julio próximos. Declararán un total de 166 testigos. Los investigadores aguardan ansiosamente el inicio del debate porque quieren saber por qué faltó voluntad policial y judicial para esclarecer el hecho.
Cerca de la mitad de los testigos que declararán son policías, seis de los cuales integraban el equipo de custodia rotativa que vigilaba la casa de Domínguez.
Por el homicidio, los magistrados Marta Carranza, Hugo Van Schilt y Silvia González, integrantes del tribunal oral número 2, juzgarán al único imputado Alberto Alfredo Morales Avalos, de 29 años, detenido en diciembre pasado y condenado a 16 años de prisión por el crimen de un policía que trabajaba como remisero en Quilmes.
Actualmente, un equipo de la policía judicial de la Procuración de la Suprema Corte bonaerense colabora con el fiscal Carlos Juárez en la investigación del crimen, cuya reconstrucción está planeada para mayo del año próximo.
El desinterés inicial de la policía por resolver la trama que rodea al crimen volvió a constatarse el mes pasado cuando el fiscal Juárez recuperó de la comisaría primera de Lomas de Zamora varias cajas "abandonadas y archivadas con descuido", que contenían pruebas importantes.
Entre otras cosas, guardaban la ropa que vestía Alzogaray el día de su muerte, seis frascos con tacos de piel y otros con sangre de la víctima, uñas cortadas y restos subunguinales.
Como preámbulo de las irregularidades que siguieron, el primer fiscal de Lomas de Zamora a cargo de la investigación, Rubén Baca, jamás ordenó que se periciaran las balas que impactaron en Alsogaray, por lo que, además de que nunca apareció el arma homicida, no se estableció siquiera cuál pudo haber sido.
El desempeño de Baca fue cuestionado por el abogado del camarista Domínguez y quedó afuera de la investigación después de ser recusado, pero declarará como testigo durante el juicio.
Sin embargo, los pesquisas presumen que en el crimen se utilizó un revólver, porque no se encontraron vainas servidas en el lugar del hecho y el asesino descargó su carga completa (seis balas) contra Alzogaray.
Además, antes de huir, el homicida amenazó y gatilló contra un jardinero, testigo del hecho, pero el tiro no salió porque ya no había balas.
Por otra parte, a los investigadores les parece más que sugestivo que el crimen ocurrió justamente a los cinco minutos en que Alzogaray quedó sola, sin compañeros de custodia.
El hombre que estaba al volante del patrullero había solicitado permiso para ir al baño de una estación de servicio cercana y otro agente hizo el mismo pedido para ir a comprar su almuerzo hasta Villa Centenario, con el argumento de que allí le fiaban.
Otro de los puntos oscuros del asesinato gira en torno a las armas registradas a nombre de Alzogaray. Varios testigos dieron relatos opuestos y no quedó claro si el asesino robó o no la pistola provista de la mujer policía.
Además, otra confusa situación en torno al crimen se dio con la aparición de otra pistola de Alzogaray, una Browning 9 milímetros, en manos del delincuente Norberto Farías Caerte, conocido como el "manco Tito", quien murió en agosto último en un tiroteo después de un asalto a un local de Edesur de Berazategui.
De la pesquisa quedan al descubierto conexiones extrañas entre varios personajes secundarios vinculados al caso. El hermano del imputado Morales es un suboficial de la comisaría de Villa Centenario, la misma seccional en la que se desempeñaba el novio de Alzogaray.
Diez días después del crimen, el novio de la mujer policía pidió el pase a la comisaría primera de Bahía Blanca. Antes de la muerte de Alzogaray había gestionado ser parte de la custodia de Domínguez.
Un testigo de identidad reservada contó que el imputado Morales dijo que su hermano le había recomendado "portar armas calibre 32 para cualquier hecho porque su uso constituye una contravención, en cambio una 38 complica la situación porque se trata de un arma de guerra".

          
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